Las redes sociales Facebook, Instagram y Twitter decidían, hace dos días, bloquear indefinidamente las cuentas al presidente de EEUU, Donald Trump. Los motivos son muy claros, según el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg: “por infracciones graves y repetidas de nuestra política de integridad cívica”. Además, añadió en su comunicado en Facebook que Donald Trump estaba difundiendo contenido que alentaba a la violencia.
Todo ello, se vivió el pasado miércoles, día en que el Capitolio debía certificar a Joe Biden como próximo presidente del gobierno y un grupo de manifestantes, azuzados por Donald Trump, irrumpían en la Cámara de Representantes.

¿Por qué las redes sociales toman esta decisión?

Según mi humilde criterio, internet no es impune. En ocasiones, ciudadanos de a píe como políticos creen que las redes sociales son un diario donde se puede verter información u opiniones sin tener consecuencias graves. Y ello, no es así.

En primer lugar, existe legislación vigente para procesar a usuarios de internet por su mala praxis en las páginas web, redes sociales, foros… Ningún agresor queda impune aunque creamos que el ciberespacio es inmenso y no nos van a pillar.

En segundo lugar, aunque no solamos leer las políticas que aceptamos al crearnos una cuenta en una red social, estamos aceptando cumplir unas normas de convivencia también. En las que el poder reside en los dueños o encargados de esa red social.

Durante estos días, he leído a profesionales de la comunicación asegurando que el bloqueo de las cuentas de Donald Trump es un atentado contra la libertad de expresión. Ya que, se le está coartando su derecho a transmitir sus pensamientos o creencias.

He sido una defensora de la libertad de expresión ya que es uno de los derechos fundamentales que nos convierten en una sociedad más libre, fuerte y culta. Pero siempre teniendo en cuenta que la libertad de expresión de una persona no debe prevalecer jamás ante derechos tan importantes como la integridad, seguridad y la paz.
Por ello, la suspensión indefinida de las cuentas de Donald Trump es una medida necesaria para poner freno a lo que podría saber sido un golpe de estado, que perjudicaría gravemente a una democracia tan consolidada como la de EEUU.

Y más, si tenemos en cuenta que el presidente de EEUU, como todo hijo de vecino, aceptó unas normas y políticas en el momento que se creó un perfil en las redes sociales.
Mark Zuckerberg podría haberle dicho perfectamente esta frase que tanta risa me despierta: “Es mi juego y mando yo”. Así es, es su negocio y aunque nos parezca más justo o injusto, el propietario de Facebook tiene el poder de suspender indefinidamente cualquiera de los perfiles que no cumplan las normas.

Es un antecedente. Aprendamos de ello. Ni somos impunes, ni en las redes sociales podemos verter nuestra opinión sin esperar una consecuencia (no siempre tiene que ser negativa).

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